En unas horas, estaré en Marrakech, con un té a la menta en una mano, una pasta dulce en la otra, y con la mirada perdida en alguna de las escenas que suceden en esa plaza que nunca duerme, en ese escenario al aire libre, en la Plaza Jemma El Fna.

Marrakech es para mí como una segunda casa. Me encanta su algarabío, su dinamismo, y a la vez, ese aire decadente, estancado en el pasado.

Allí voy siempre cuando mi cabeza está a punto de estallar, cuando necesito resetearme…. Y nunca me falla. 

Os apetece acompañarme??? 

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