amigos

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Con el paso de los años, he aprendido a respirar profundamente, y a tomarme las cosas de otra manera.

Hace tiempo que ya no me enfado cuando mis amigos se olvidan de fechas, o se despistan y no llegan a tiempo. Antaño era como la mami regañona, a la que me consta que querían mucho, pero no me hacían nada de caso…. Todo lo que antes me “enfadaba”, hoy me parecen minuedades.
Es verdad que yo también he perdido mucho. Recuerdo que antes no se me pasaba un cumpleaños, e incluso hubo una época que era el nexo de unión, la cuerda que tiraba de la pandilla para quedar. Ahora me he vuelto cómoda, me he vuelto más dejada:
-que quedamos!!! …., pues genial: aprovecho el momento, los exprimo al máximo,…
-que no nos vemos en meses!!! ,… pues no pasa nada, ya habrá momentos para vernos.
Crecemos, y con cada año cumplido, se nos complica la vida. Antes había prioridades inamovibles y esas pasaban por vernos todos los minutos posibles del calendario, lloviera, tronase, o se nos presentara la mayor nevada del mundo. Quedar era una droga necesaria para poder seguir viviendo… y es que todo lo hacíamos con una intensidad tan aplastante….
Ahora hay niños, hay parejas, hay trabajo… vamos, eso que comúnmente se llaman “responsabilidades”. A eso, tengo que sumar, que en muchos casos os tengo repartidos por medio mundo, y que cuando volvéis a casa, tenéis que hacer encaje de bolillos para vernos…. y entonces tener una agenda bien organizada, acaba siendo una prioridad en tu vida.
Os acordáis de hace unos años??? Sin móvil, sin agenda. No hacía falta. Los viernes a las 21 horas primera quedada. El que no llegara, segunda parada a las 22:30.
Yo siempre era de las que estaba a las 21:00, puntual, como un clavo…. En eso, sigo siendo igual. Sabía que a mi llegada, iba a esta sola… pero no pasaba nada. Nunca tuve problemas para hablar con la gente que estaba a mi alrededor, nos conociésemos o no. Eso sí, cuando os iba viendo aparecer, cuando entrabais por la puerta, erais como una bombona de oxígeno: respiraba aliviada, mi corazón latía fuertemente,…me hacíais sentirme bien.
Me encantaba quedar con mi gente: hablábamos de nuestros problemas, de nuestra semana, de aquellas personas que empezaba a hacernos “tilín”, de las que nos habían tocado el corazón, de las clases, del trabajo, del futuro. Salíamos de fiestas, bailábamos hasta que el cuerpo no daba más de sí, y al día siguiente, como unas malvas, repetíamos, y seguíamos arreglando el mundo y pensando en un futuro.
Hoy, amigos míos, la vida nos ha puesto un poco de distancia. Con algunos, una distancia que se ha convertido en ausencia de palabra. Con otros, una distancia en kilómetros, pero donde hemos aprendido a aprovechar al máximo los pocos minutos que tenemos.
Este mes de agosto es para mí un mes especial. Es un mes en los que muchos volvéis a casa, u os dejáis caer por asturias sin ser asturianos, porque sentís mi casa como vuestra… y a mí eso no me puede hacer sentirme más orgullosa.
Os espero con los brazos abiertos, con mis orejas preparadas y mi mejor sonrisa activada. Y cuando os vea aparecer por la puerta, volveré a sentir que sois como mi bomba de oxígeno y entonces una enorme sonrisa iluminará mi cara, y comenzaremos como abuelitos, a recordar anécdotas, aventuras y desventuras, ya sean de nuestra amistad fraguada hace 20 ó 30 años, o de la que iniciamos hace unos pocos, cuando se cruzaron nuestros caminos.
Bienvenidos a mis viejos amigos, a mis nuevos amigos, y los amigos que están por venir: esto va dedicado a todos vosotros.
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